UH.:¿La reflexoterapia nos puede modificar la forma de ver la vida?

I. P.: Sí, aunque hay que tener en cuenta que la reflexoterapia es algo externo,  que además nos lo aplica alguien ajeno a nosotros.

Esa persona puede trabajar la reflexoterapia extraordinariamente bien, como técnica y como arte, puede hacer maravillas, pero si el individuo que la recibe no se abre, ni ésta, ni ninguna otra terapia funcionará.

El paciente debe depositar confianza plena en la persona que le realiza la terapia, más del 50% de la efectividad radica en la empatía, en el vínculo que se crea entre la persona y el terapeuta y, evidentemente, con la técnica que aplica. El arte del terapeuta, será unir la mente con el corazón y con las manos, dando lo mejor de sí mismo,  de esa forma la Energía a la que está conectado, pasará a través de sus manos a la persona que la recibe.

UH.: También creo en la posesión de un don, se puede ser un gran conocedor de una técnica y ser incapaz de transmitirla. ¿Debe tener algo de arte, verdad?

I. P.: En primer lugar, indudablemente, debe haber un aspecto vocacional para que dé resultados, si el terapeuta no pone el corazón y no cree en lo que hace, los resultados no han de ser los mismos, el terapeuta debe vibrar, debe estar enamorado de lo que hace.

UH.: Sabes que hay culturas en las que los pies tienen un significado muy especial. ¿Cuando tú tocas los pies llegas a sentir las emociones?

I. P.: Yo tengo mucha tendencia a, no sólo sentir desde los pies, también de la totalidad, la persona se pone ante mí en cuerpo y alma y cuando yo también estoy en cuerpo y alma se genera un flujo energético, hay situaciones en las que en una determinada zona se te paran las manos y no sabes porqué se han detenido ahí, intentas razonarlo y no lo consigues y después de un tiempo descubres alguna carencia, alguna situación conflictiva.

El cuerpo se expresa. Las manos a nivel de sanación, si las dejas, se paran, se mueven y adquieres una sensibilidad que hace que todo sea más cercano, más fácil; se despierta la capacidad de sanar que es intrínseca en el ser humano, aunque hay que desarrollarla y, a veces, debemos “deseducarnos” para conseguirlo.

UH.:. Isabel, a través de todos estos años, que han pasado por tus manos muchos pies, ¿cómo se nos han modificado los pies?

I. P.: He visto desde cosas muy sutiles, prácticamente sensaciones y también he visto  modificaciones físicas contrastadas con el podólogo.

No he percibido modificaciones culturales, no he notado como han podido cambiar la forma de las caderas, ni la forma del cuerpo a través de distintas generaciones, en los pies no ha habido alteraciones, seguimos teniendo “los mismos” pies que hace veinte años. Sólo hay algo que me llama la atención, y es que en los adolescentes es normal que los pies se humedezcan, y mucho, por ser esta una etapa muy emocional y de mucha alteración hormonal. Curiosamente, ahora me encuentro que se les humedecen los pies a personas con mucha más edad, es como si la etapa de la adolescencia se alargara más. También los pies de hace unos años presentaban más rigidez y ahora se han ido flexibilizando.

No he podido realizar el estudio dentro de una misma familia en la que pudiera ver los pies de la abuela, de la madre, de la hija y de la nieta. Aunque sí he tenido casos de atender a tres generaciones, y puedo ver cómo el exceso de responsabilidad en los pies de la más mayor los hace más rígidos y se van flexibilizando a través de las otras dos generaciones.

Entrevista a Isabel Pérez Broncano (Parte IV)

Entrevista publicada en la revista Universo Holístico. Nº 19, pág. 56. Septiembre 2009.

 

Facebooktwittergoogle_pluspinterestlinkedinmail