Artículo publicado en la revista Espacio Humano. Nº 153, pág. 30. Junio 2011.

Metamórfico significa cambiar de forma. Un masaje puede cambiar la estructura  corporal, recuperar el estado original. Pero ¿y una caricia? ¿Qué efecto puede tener una suave caricia en el borde del pié? La vida está en continuo movimiento, los seres humanos, estamos en continuo cambio por más que tratemos de buscar una supuesta estabilidad. Nuestro planeta se mueve, cambia, y nosotros con él.

El Masaje Metamórfico implica cambiar de forma, pero ¿cómo? ¿Hasta qué punto? ¿De la manera en que lo hacía el protagonista de la novela de Kafka? Eso se trataba de un cambio físico, y muy intenso por cierto, pero en nuestra realidad, los cambios más importantes son los que podemos realizar dentro de nosotros.

La palabra Metamórfico implica un cambio y también ir más allá de la forma.

Meta- es un prefijo que procede del griego, que significa “después de”, “más allá”, “con”, “adyacente”, “auto”

Morphè,  en griego, significa “forma”.

Y lo que está más allá de la forma en nuestro mundo eminentemente físico y empírico, es lo sutil, lo invisible, los sentimientos, la memoria, las emociones, los pensamientos. Es de esta parte de nosotros que no se puede tocar ni medir pero que es determinante en nuestra vida, de lo que se ocupa la Técnica Metamórfica. A través de ella, descubrimos que detrás de todas las formas de enfermedad, se encuentra un bloqueo de energía y que  cuando ésta es liberada, la enfermedad remite.

Además de su sutilidad, la Técnica Metamórfica tiene otra peculiaridad. El tratamiento se centra en el periodo que va desde la concepción al nacimiento por su gran importancia en el desarrollo de la persona que va a nacer. En él suceden múltiples transformaciones, experiencias y sensaciones que se manifestarán a lo largo de toda la vida.

Fue Robert Sant John, naturópata y reflexólogo quien en la década de 1960 desarrollaría esta nueva forma de tratamiento. Como en otras ocasiones de la historia científica, el descubrimiento de Sant John se produjo por “serendipia”, es decir, de una manera imprevista y sin causa concreta aparente. Sin embargo, nada es casual en este mundo nuestro, aunque así lo quieran creer algunas personas. La Vida que fluye por nuestras venas y la que late a nuestro alrededor en cada ser vivo existente, procede de una misma energía, que circula entre nosotros y dentro de nosotros y que nos une como una malla invisible en la que la información fluye y está a nuestra disposición. Esta conexión es lo que Rupert Sheldrake describió en su teoría de los campos mórficos o morfogenéticos. Estos campos contienen la información que hace que una bandada de pájaros se mueva al unísono creando una ordenada coreografía en el cielo, por ejemplo. Esto crea una armonía, un estado de las cosas en el que todos estamos involucrados provocando esos acontecimientos “inesperados” que nos permiten aprender y avanzar. De ahí también el concepto holístico de las terapias naturales, que tratan al hombre como un “todo”, un microcosmos de funciones interrelacionadas entre sí. De esta manera, diríamos que la estructura mental de la persona se manifiesta en sus músculos, la fuerza vital, se halla relacionada con el estado de los huesos y los fluidos corporales nos hablan de cómo dirigimos nuestras emociones.

Un hallazgo fortuito y afortunado

Robert Sant John se encontró así, de forma “serendípica”, con la Técnica Metamórfica mientras trataba con reflexología podal a una niña de 18 meses con un profundo Síndrome de Down, sin obtener resultados. Un impulso le hizo acariciar los pies de la pequeña y eso empezó a producir mejoras en sus síntomas. Observó que la zona que estaba acariciando se correspondía con la espina dorsal y descubrió que en algunas zonas, generalmente a lo largo del borde de la cara interna de los pies,  los efectos producidos por la terapia no sólo eran de carácter físico sino que también eran de tipo emocional y psicológico. Comprobó que todos los acontecimientos producidos a lo largo de la gestación, quedaban registrados en la columna y que trabajando las zonas reflejas, se producía un desbloqueo que beneficiaba a los pacientes. Sant John superpuso entonces un mapa psicológico y un mapa de puntos reflejos físicos, y concluyó que, entre el principio del padre, en el dedo pulgar del pie, y el principio de la madre, en el talón, existía un reflejo de otro mapa, un mapa temporal de los nueve meses de embarazo. Dividió este periodo en cinco etapas: Concepción, Post-concepción, Animación, Pre-nacimiento y Nacimiento, estableciendo los puntos reflejos de la columna vertebral como soporte de una estructura de tiempo.

Siguiendo este mapa, el tratamiento se aplica no sólo en los pies sino también en la cabeza y en las manos, áreas relacionadas con la comunicación externa y con las tres acciones primarias: pensar, hacer y moverse en el plano físico después del nacimiento. Según mi experiencia, otra zona de aplicación importante son las orejas. Cuando comencé a practicar la Técnica Metamórfica, mis manos se iban solas  y de forma sistemática hacia las orejas. Era algo intuitivo, no voluntario. Después de una importante lucha interna, atendí a este impulso y decidí incluir las orejas en mis tratamientos. Descubrí que efectivamente funcionaba y que, más allá de la intuición,  tenía un sentido práctico. La oreja, es lo que más fielmente refleja al feto  en el cuerpo del adulto, tal y como se observa en algunas cartografías de Auriculoterapia,  y la Técnica Metamórfica se ocupa precisamente de la etapa prenatal por lo que se puede establecer una clara vinculación.

FUERZA VITAL

El Masaje Metamórfico trabaja en un plano más allá de los síntomas de la enfermedad. Profundiza en un plano temporal, o cristalización en el tiempo, en que se produjo el bloqueo, liberando y deshaciendo sus secuelas, instaladas en nosotros en forma de patrones mentales dañinos.  Para ello se sirve de la Fuerza Vital, el elemento básico de la Técnica Metamórfica. Es lo que en Medicina China se llama Qi, una energía que desde antes de la creación conserva su esencia, mantiene el equilibrio de los planetas en el universo, así como de los vegetales y de todo cuanto tenga vida. La energía o fuerza vital es indispensable para vivir, para estar saludable y alegre. Con el masaje metamórfico, podemos incrementarla, equilibrarla y recuperarla. Se reestablece así el orden natural, la persona toma contacto de nuevo con su poder de auto-curación con la ayuda de  suaves caricias, como el roce de una mariposa,  en las zonas indicadas de los pies la cabeza, las manos y las orejas.

La curación puede no ser inmediata, sino que comenzarán a aparecer los cambios lentamente y la persona se sorprenderá a sí misma reaccionando y comportándose de manera diferente.

El Masaje Metamórfico libera al individuo de todo aquello que le impide vivir con plenitud, transformándole en un nuevo ser más libre, sano y feliz.  Ayuda a estar más en armonía con uno mismo y por tanto con el entorno. Es nuestro compromiso con la vida, hacer de la felicidad algo natural y cotidiano, desde una actitud consciente.

 “El bien de la humanidad debe consistir en que cada uno goce al máximo de la felicidad que pueda, sin disminuir la felicidad de los demás.” Aldous Huxley

Isabel Pérez Broncano.

Reflexóloga – Autora del libro Reflexología Integral.

Directora de Ranvvai Escuela de Reflexologías y Centro de Terapias Naturales.

Puedes encontrar aquí más artículos relacionados